Andrea Sandoval
—¿Harta de las imperfecciones en tu rostro? ¿Cansada de tener un ojo más grande que otro? ¡Despreocúpate! Con la nueva tecnología SimiS, todos tus problemas serán solucionados.
La hermosa cara de Tyra Sans se mostraba en la pantalla. Pero se veía diferente, como si algo no estuviera bien. Su nariz respingada y perfectamente diseñada estaba en su lugar, sus destellantes ojos azules con injerto de pestañas se veían igual de grandes que en los últimos meses, los labios rosados eran pulposos y grandes como lo requerían los estándares. Tyra continuó.
—Seguramente te estás preguntando ¿cómo es posible que me vea aún más hermosa? —sonrió mientras giraba su mano izquierda con uñas holográficas alrededor de su rostro—. Los investigadores de Faziellax desarrollaron un procedimiento capaz de reacomodar las moléculas del cuerpo para aumentar nuestra simetría. Así es, no lo dudes…
El audio continuaba mientras yo ya me encontraba mirando mi rostro en el espejo. Era verdad. Mi ceja derecha siempre me pareció más arriba que la izquierda. La depilación permanente había ocultado un poco la imperfección, pero nunca quedé conforme. Me tiré sobre la cama, mirando al techo de mi dormitorio y pensando si era real que se podría arreglar.
Dos días después, cuando llegué al trabajo, todos se encontraban tratando de grabar con sus móviles algo o a alguien. Me acerqué lo más que pude y me preparé para hacer lo mismo que ellos. Era la hija del jefe, la que siempre había sido criticada por tener la barbilla corrida hacia la izquierda. Ahora lucía un rostro perfectamente simétrico. Se veía tan radiante. Fingía leer las páginas en el monitor transparente frente a ella, sabiendo que era el centro de atención.
No tardamos en volvernos expertos en el tema, los comerciales se encontraban por doquier. Resulta que el procedimiento de Faziellax conseguía crear un plano de simetría vertical a lo largo del cuerpo, logrando una correspondencia casi exacta de cada molécula con su análoga del otro lado. Los científicos lo llamaban “Grupo puntual C2”, por alguna razón. Daba igual el nombre que le pusieran. El punto era que funcionaba. En un abrir y cerrar de ojos, todas mis amigas ya se lo habían hecho y el tiempo que pasaba observando mi maldita ceja aumentó. Pero mi cuenta bancaria no me permitía gastar en algo tan caro. Así que comencé a recurrir a los filtros que lograban aparentar tener la cara compuesta únicamente por el lado bueno.
—Si tanto te molesta, ¿por qué no pides un préstamo y listo? —dijo mi madre un día que me cachó viendo mi reflejo—. Desde niña siempre tuviste esa ceja arruinándote tu cara. No estaría mal que te procuraras más. Hasta tus manos se verían mejor.
Agaché la mirada para compararlas. La izquierda era ligeramente más grande que la derecha. Y mi dedo anular era más gordito. Oculté ambas dentro de las bolsas de mi sudadera, avergonzada. Esos errores no se podían arreglar en una cirugía como la que hizo que mis senos fueran proporcionados.
Pronto, ya no tenía escapatoria. Todos me veían, me juzgaban, estoy segura. Cada persona que pasaba a mi lado notaba que era horrible. Cuando tenía oportunidad, colocaba mi mano sobre mi ojo. Comencé a usar flequillo y guantes. Pero la apariencia de todos a mi alrededor me afirmaba una y otra vez que podría ser bonita.
Un día encontré un anuncio de un laboratorio que realizaba la operación a menos de la mitad del precio que el original. Decidí pedir un crédito al banco para terminar con mi tormento. Pronto tendría un cuerpo impecable como el resto de los demás, pensé.
El sitio se encontraba en la periferia de la ciudad. En la recepción, una amable señora me hizo firmar unos papeles que decían que yo era consciente de los riesgos, que no los iba a demandar y no sé qué cosas más. Yo lo firmé, sin preocuparme, emocionada de estar a unos pasos de mi felicidad.
La máquina era una especie de tubo al que se llegaba subiendo un par de escalones. Me inmovilizaron con brazaletes. Cerraron la cápsula, que después se llenó de una especie de gas color azul. Luego de eso perdí el conocimiento, pero en los videos había visto que primero realizaban un mapeo de todos nuestros átomos, elegían la mejor de nuestras mitades para, luego, con ayuda de láseres, reacomodar cada una de las moléculas que nos componían hasta que ambos lados quedaran idénticos; quitaban impurezas, rellenaban vacantes, alineaban las dislocaciones, entre otras cosas.
Después de ocho horas, yo estaba como nueva. Cuando vi mis manos por primera vez, las lágrimas rodaron por mi rostro. Eran exactamente iguales. Hasta el lunar de mi pulgar izquierdo se encontraba debidamente localizado en mi nueva mano derecha. La asistente colocó un espejo frente a mí para que pudiera verme. Por fin era agraciada.
*
—¿Supiste que murió Dina? —preguntó mi compañera de trabajo mientras me veía de forma que me hacía sentir incómoda.
Negué con la cabeza antes de que continuara con su monólogo.
—Se quiso ahorrar unos billetes y fue a una clínica pirata que le duplicó no sólo el exterior, sino hasta sus entrañas. La pobre murió poco después de salir de ahí. Teniendo dinero por su carrera como modelo, no entiendo por qué hacer tremenda estupidez. Vi que la muerte por operaciones así iba a la alza.
Yo sólo sonreí incómoda. Ella lo sabía. Intuía cómo es que logré verme así. Me pregunté si también moriría como Dina. Respiré. Ella murió poco después, yo ya tenía algunas semanas de ser bonita, seguro me había salvado de aquel final.
El gusto por mis rasgos no me duró mucho tiempo. Cuando prácticamente todos éramos C2, Faziellax lanzó un nuevo SimiS, esta vez sería un C3 localmente. Las moléculas no sólo serían simétricas con su análoga del otro lado, ahora también lo serían con algunas otras moléculas cercanas por medio de un eje binario. Yo entendía un carajo de lo que repetían los comerciales, pero el punto es que ahora la superficie de nuestra piel podría ser aún más suave.
Y el infierno se repitió: primero los famosos, luego los ricos y así sucesivamente. Todos fueron formando poco a poco parte del hermoso grupo C3. Yo pasaba horas con el espejo de aumento mirando los horribles cráteres que cubrían mi rostro. Cráteres que ningún tratamiento tradicional podía quitar, por ser “poros” dizque necesarios para la salud. Observaba mis manos, llenas de líneas que se unían y separaban, formando un mar de rombos. Las volví a ocultar debajo de mi ropa. Utilicé un gel que hacía ver mi rostro sin tanta textura. Pero sabía que no era suficiente. Seguía siendo horrible.
Antes de darme cuenta, estaba entrando de nuevo al laboratorio para volver a ser guapa. La deuda que generé me hizo perder mi departamento, mi automóvil y hasta mis electrodomésticos. Regresé a vivir con mi madre, que no fue más comprensiva de lo que había sido antes.
Pero Faziellax no se detenía. Nuevos SimiS salían mes con mes. C4, C5, después cambiaron de letra a D. Luego fueron T’s y dejé de seguirles el ritmo. El aspecto de todos se volvía cada vez más bello. Con superficies esmaltadas que reflejaban la luz del Sol. Con ello vinieron otras cosas, como pérdida de elasticidad y movimiento, pero ¿quién las necesitaba? Así, se recorrieron los 32 grupos puntuales de los grupos cristalinos existentes, hasta llegar al Oh. Toda la ciudad quedó repleta de bellas esculturas ortorrómbicas color piel y cabellos centelleantes cual rayo de luz. Inmóviles y perfectas, serían observadas por la eternidad. Ahora era mi turno. Sin que nadie me lo pudiera impedir ya, en unas horas pasaría a ser una de ellas. Sería tan majestuosa como un diamante.

Andrea Sandoval nació el 15 de septiembre de 1996 en Iztapalapa, CDMX. Física, activista, bailarina y escritora autoadscrita como ngigua. Amante de la danza y todo lo que se pueda crear con las manos. Vivió parte de su infancia en Ayotla, Ixtapaluca, para luego mudarse a la que consideraría su tierra madre: Tlacotepec Plumas, Oaxaca. Estudió la carrera de Física en la UNAM. Secretaria en el Comité de Cultura Kirju Nonde Ngiguani, que tiene como objetivo principal reinsertar la lengua nativa en la vida social de su comunidad. Es parte del Grupo Folklórico Tradiciones Oaxaqueñas. También pertenece al taller literario Gran Colisionador de Textos Especulativos. Tiene un texto inédito, titulado “Surcando pensamientos”, incluido en la Antología Mis raíces de la Editorial Alquimia, y uno en la antología Mundos en Colisión Vol 1 del GCTE. Posee otros cuentos publicados en antologías y fanzines digitales en México, Chile y Argentina. Ha participado en diversas actividades y concursos, tanto en matemáticas como en física, entre los que destacan: el primer lugar en la muestra experimental de física 2016-1 de la Facultad de Química de la UNAM, con el trabajo “La dinámica interna de las partículas a través de Hooke”; ganadora de una mención honorífica en la tercer Olimpiada de Conocimiento en Física de la UNAM; y nominada al mérito “Excelencia Académica” de la Presea Bernardo Quintana Arrioja.

