Ana Lilia Palacios Vázquez
¿Y ahora qué?
Habéis jugado con la libertad del individuo.
¿Y dónde está ahora ese individuo libre?
Anna Starobinets
“Hemos reducido significativamente el acoso sexual en espacios públicos”, leyó Tabatta en un anuncio gubernamental, apenas perceptible debido al rápido movimiento, en la parte inferior de las pantallas publicitarias, del cintillo rojo con letras blancas, acompañadas de imágenes de mujeres sonrientes caminando por el boulevard.
Esbozó una sonrisa copiando la expresión de las mujeres de la promo mientras caminaba en el mismo boulevard hacia el Garden by Life, pero se sintió estúpida y apretó los labios hasta transformar el gesto facial en una mueca casi neutral. La sonrisa podía ser interpretada como interacción sexualizada.
El tintineo metálico de los robots guardia en los senderos peatonales le propiciaba una placentera sensación de resguardo. Los transeúntes iban en el andador delimitado por líneas entrecortadas dibujadas en el piso con pintura amarilla. Tabatta siempre mantenía como mínimo metro y medio de distancia de quienes caminaban delante y detrás de ella, sin importar el sexo, hombre o mujer, para evitar la proximidad forzada entre personas desconocidas en lugares públicos. Delito más recurrente en la ciudad.
Cada vez que recorría el boulevard, pensaba lo absurdo de transitar en VioletLight del SmartRing, si la mayoría de las personas pasaban en silencio con la mirada perdida o clavada en sus pies. Prefería trasladarse con la BlueLight, no tenía interés de intercambiar miradas ni palabras con nadie, era suficiente tener que tratar con desconocidos en la tienda como para hacerlo fuera de ahí.
Antes de entrar al jardín, revisó compulsivamente el azul del anillo. Caminó por el sendero adoquinado hacia los BigTrees hasta colocarse debajo de la réplica del Enterolobium cyclocarpum, en uno de los 12 círculosdibujados en el suelo que rodean la cerca del ejemplar. Había llegado a tiempo para contemplar el espectáculo de luces artificiales, sonrió complaciente. Esta vez mantuvo la sonrisa, no había nadie en los círculos contiguos a metro y medio de distancia. Aquel árbol le recordaba las caminatas con su padre por la selva subperennifolia en el sur del país. Volvía a sentirse niña ante la majestuosa copa convexa de ramas largas en dirección al cielo.
En la pantalla central del Garden, el reloj mostraba los últimos segundos previo al inicio del espectáculo: 10, 9, 8, 7…
—Hola, preciosa —masculló una voz ronca, a su izquierda.
Una sensación de pesadez en el estómago la arrastró al enojo. La tensión muscular subió por las cervicales hasta clavarse en la nuca como piquete de avispa. No había recorrido kilómetro y medio desde la tienda hasta el jardín para perderse el encendido de las luces solo porque a un individuo le venía en gana interactuar en un lugar prohibido. En un movimiento reflejo, Tabatta alzó la mano izquierda abriendo los dedos y, con el dedo índice de la mano contraria, señaló el azul destellante del SmartRing, sin mover un centímetro la mirada del árbol.
En la pantalla central la cuenta regresiva cambió de 1 a 0. Todo se oscureció. El crepúsculo se había disuelto y, ante el inicio de la luminiscencia, se escuchó la delicada expresión sorpresiva de los asistentes. Tabatta también espetó una especie de soplido aun cuando había visto muchas veces la explosión de colores fluorescentes.
Los destellos blancos comenzaron desde el césped sintético hasta fundirse en tonos de verde, pasaban de esmeralda, pera, menta, cocodrilo hasta pistacho. La iluminación en cadena delineaba las siluetas de los estratos de la selva subperennifolia: subiendo de las hierbas, pasando por los arbustos, hasta las copas de los árboles artificiales del BigTrees, en tonalidades de café, rosa, verde, morado y rojo. La intensidad de los colores estimulaba tanto la vista que era incómodo contemplar por mucho tiempo el paisaje cromático.
—Hola, preciosa —era un tono un poco más alto, pero sin alzar demasiado la voz.
El reflejo de las luces mostraba un cuerpo enjuto de un hombre maduro con traje gris.
Entre destellos, los sensores corporales del SmartRing de Tabatta detectaron altos niveles de cortisol, frecuencia cardiaca mayor al promedio y baja saturación de oxígeno, activando el sistema de alerta. Apenas ella pudo confirmar el estado descontrolado de su organismo y, con movimientos involuntarios de su mano, oprimió el símbolo SOS de la pantalla táctil OEX, colocado en la parte frontal del anillo; la superficie del SmartRing cambió del sólido BlueLight a ScarletRed indicando alerta inminente.
Se sintió diminuta en la oscuridad fluorescente.
Tabatta jadeó taciturna, abría y cerraba la boca intentando de ventilar los pulmones, pese a la vaporosidad del aire que se pegaba en las mucosas bucales. Un pitido agudo salía de su garganta e impedía la entrada de oxígeno. El corazón palpitaba al límite. Durante los cambios de luces, los bordes de árboles, personas y objetos se disolvían entre la oscuridad y la luminiscencia. Se recargó en la cerca del árbol para no caer. La sensación de liquidez era envolvente.
Una luz blanca llegó hasta ella. Era un robot guardia. La presencia de aquel cuerpo metálico la tranquilizó de a poco hasta que pudo respirar mejor. En cuanto sus signos vitales se regularon, el guardia la escoltó hasta la salida del Garden para tomar la declaración del delito sexual. Afuera, en la SafeZone, Tabatta activó la VioletLight del anillo para hablar. El instinto de supervivencia le ayudó a articular palabras. Unas tras otras, en una velocidad desconocida para ella, describió tan rápido como pudo la situación de acoso sexual frente a la cámara del robot y, antes de concluir el proceso, leyó la información resumida en el software SafeWomen:
Denuncia 10.2.31.
Motivo: agresión sexual de primer grado en espacio público silente.
1. Descripción del delito: “Un desconocido intentó interactuar conmigo al repetir dos veces preciosa. Palabra lasciva del español antiguo, núm. 35, prohibida por el código de conducta masculina en espacios públicos. ¡Quiero resaltar que mi anillo tenía activado la BlueLight! Lo sucedido es un acto de connotación sexual por tratarse de un saludo impersonal de un desconocido”.
2. Datos del agresor
2.1. Sexo: Masculino.
2.2. Edad: 50 años, aproximadamente.
2.3. Estatura: 1.70 m.
2.4. Complexión: Delgada.
2.5. Señas particulares:
2.6. Vestimenta: traje gris y zapatos negros.
2.7. Hora de la agresión: 19:45 horas.
2.8. Lugar del suceso: BigTrees, en el Garden by Life.
3. Datos de la denunciante
3.1. Nombre: Tabatta G. P.
3.2. Edad: 35 años.
3.3. Estado físico: Íntegro.
3.4. Signos vitales: Desordenados.
3.5. Ocupación: Administradora de sucursal Bodies’ Factory.
3.6. Número de denuncias: 1.3.7. Información complementaria: Fotos adjuntas; rostro e indicadores con signos vitales (SmartRing) de la denunciante.
Al finalizar, tecleó Enter para sistematizar el reporte y activar la búsqueda del agresor en el Garden. El sistema cerrado envió la alerta a los robots para detectar movimientos sospechosos de individuos de sexo masculino, de aproximadamente 50 años, con traje gris. El robot informó a Tabatta no haber encontrado a ninguna persona con el perfil descrito después de diez minutos del protocolo de búsqueda.
Se fue a casa caminando sobre el andador de líneas amarillas entrecortadas y, luego, dio vuelta en el rosa. Se recriminaba no haber percibido la presencia del hombre. Recordó el eslogan: “las víctimas nunca son culpables, el agresor sí”, y se tranquilizó un poco. Él, seguramente, aprovechó la distracción de Tabatta para acercarse a ella lo más que pudo, dentro de los límites permitidos, con movimientos nimios, y, al verse descubierto, huyó como reptil, sigiloso.
*
La calle alumbrada por tramos parecía más larga que a la luz del día, era más ancha conforme avanzaba, de reojo vio un par de hombres atrás de ella. Uno, de complexión robusta, y el otro, delgada. Buscó desesperadamente la entrada de la casa donde creció. Le desorientaba no encontrar el portón rojizo por el que entró infinidad de veces, colocado entre la puerta blanca corrediza de la familia Segura y el edificio administrativo del Banco de Desarrollo Rural de puertas con cuadros negros y fondo blanco. ¡La casa había desaparecido! Una nube borrosa ocupaba el espacio.
Se quedó atónita frente al vacío. Sin palabras. Ellos también se detuvieron, uno a cada lado. Estaban tan cerca que sentía su calor corporal. “¡Aléjense de mí, el espacio vital es de metro y medio entre personas desconocidas!”, gruñó, pero sus labios encerraban los sonidos vocales.
Bastó un ligero movimiento del individuo escuálido y, de momento, ya tenía pegada su cara con la punta de la nariz tocando la de Tabatta. Podía sentir la exhalación sobre sus labios, un olor a podrido salía del pecho varonil. Ella intentó mover el rostro al lado izquierdo, al derecho, a donde fuera con tal de no tener de frente aquella mirada, pero la presión de la frente chata impedía cualquier movimiento. No volvió a ver al otro hombre, aun así sabía que estaba ahí, de espectador.
La luz ámbar acentuaba las bolsas malares del rostro siniestro del sujeto. En los de ella, se marcaba el terror de la inmediación. De la proximidad forzada. No podía despegar la vista de esas pupilas dilatadas, había algo hipnótico. Terrorífico.
A su alrededor veía los colores, las paredes y los portones de las casas que, por la velocidad, perdían composición. Sabía que estaban ahí, en el momento que ese hombre la hacía dar vueltas en movimientos concéntricos alrededor de él mientras sonreía sardónicamente.
Sentía la presión sanguínea en las sienes debido a la tensión de ver un punto fijo por tanto tiempo sin parpadear, las vueltas concéntricas, la luz ámbar y el mutismo. Lloraba. De rabia, de abandono. Sentía su cuerpo gravitar. No existía otra cosa entre el miedo y aquella mirada.
No sabía qué la ahogaba más, el vértigo o la proximidad. Soltó los pensamientos. Era difícil respirar. Un minuto era igual al anterior. Se sintió morir.
*
Se alegró, por primera vez, de despertar a las 6:15 a.m., por el sonido de la alarma del despertador. El corazón le palpitaba a tope y la ropa de dormir estaba empapada en sudor. El SmartRing permanecía en rojo e indicaba un nuevo email. Leyó: “¡Un hombre fue detenido en la puerta principal del Garden, a las 21:30 horas, con las características del agresor de la denuncia 10.2.31!”. El sistema detectó otra denuncia con el mismo modus operandi. Al parecer el agresor se resguardó en algún sitio y volvió a intentar una interacción forzada de carácter sexual con otra mujer antes del cierre del Garden by Life. Gracias al sistema de vigilancia cerrado, fue reconocido y detenido en la salida. El mensaje concluía con el nombre completo del agresor, junto a “reincidente 2.0” en negritas. Había dos fotografías adjuntas. No las abrió.
Al llegar a la tienda, tecleó el nombre del agresor en la base de datos “clientes”. Ahí estaba el nombre. Revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad de los días registrados, “compra exitosa”. El individuo había ido un día antes a la tienda, vestido de traje gris; se desplazaba de un lado a otro con familiaridad. En la última semana, había comprado los artículos top:
- Hizamakura premiumpersonalizada: Almohada en forma de regazo femenino con minifalda blanca, piernas torneadas color nuez y medias de red bronce; de algodón egipcio.
- RealisticFeet personalizado: Par de pies femeninos tipo griego, 23.5 cm de largo con 125° de arco plantar, en tono de piel nuez y pedicure rojo cereza; material elastómero termoplástico (TPE).
- SoftBreast personalizada: Par de senos femeninos (separados) tipo almohadilla, forma circular con pezón dilatado, diámetro 7 cm, color dual, piel nuez y pezón ébano; material felpa cachemira.
Tecleó en la barra de búsqueda: “reincidente 2.0”:
“Categoría asignada a individuos denunciados vía penal por acoso sexual en espacios públicos. En el 99% de los casos, los agresores son hombres que atentan contra la integridad de mujeres desconocidas. En el 1% restante, ocurre entre personas conocidas. El número que acompaña la categoría corresponde a las incidencias delictivas. Es decir, 2.0 es la máxima ocurrencia del delito. El agresor sexual con esta categoría es candidato obligatorio a la Icaroectomía, práctica correctiva del instinto sexual desordenado. Consiste en un procedimiento quirúrgico no invasivo, de bajo riesgo e irreversible, que paraliza las funciones de la glándula de Ícaro.
Investigadores del siglo pasado han descrito impulsos provocados por esta glándula, dependiendo de la edad de los varones. En adolescentes, trastornos afectivos, tendencias suicidas y distintos desórdenes psíquicos, entre otros; en adultos mayores de 35 años, se asociaba con la crisis de la madurez. Más información en www.jelezy.net by Anna Starobinets”.
Sintió un tirón en la espalda que la impulsó a levantarse de la silla y encerrarse en el baño de la tienda.
—¿Puedes hablar? —dijo apenas con un hilillo de voz.
—¿Qué pasa? Solo marcas por las mañanas cuando es urgente —respondió su amiga.
—Anoche tuve una interacción sexualizada sin consentimiento en el Garden, un hombre se dirigió a mí diciéndome “preciosa”. ¿Quién usa palabras delebles e impersonales del siglo pasado? El miedo estuvo a punto de paralizarme, las palabras se agolparon en mi garganta, una tras otra, otra y otra…; seguí el protocolo SafeWoman para hacer la denuncia y, en cuanto terminó el proceso, caminé devastada a casa. En mi cuarto, los pliegues de las cortinas tomaron forma de manos, ojos y sonrisas asimétricas. Aborrezco las alucinaciones. La amígdala cerebral tergiversa todo a su paso. Regresaron la taquicardia y la sudoración, con las horas tuve vértigo y náuseas. En algún momento me quedé dormida y el terror nocturno me hundió en la pesadilla. ¿La recuerdas?
—Claro que la recuerdo. Es la del hombre escuálido. Sospecho que estás atravesando por el trastorno post-acoso.
—¿Trastorno post.. qué? —replicó Tabatta.
—Especialistas del Programa SafeWoman reportan secuelas psíquicas y físicas en las víctimas, después de vivir un acoso sexual; el 98% manifiesta el trastorno. Tus síntomas iniciaron anoche, estás a tiempo para contrarrestar los efectos, podrías seguir el protocolo de recuperación.
—Buscaré el protocolo —respondió con voz agotada—. Para mi sorpresa, el agresor es cliente de los complementos Bodies. En la última semana ha comprado los artículos más vendidos.
—¿Hubo algún evento extraordinario en la tienda durante la compra? ¿Intentó interactuar contigo visual o verbalmente? —preguntó intrigada la voz.
—No. No habló con clientes. Lo sabes. Incluso, desde que salgo de casa, activo la BlueLight, pero hoy estoy en ScarletRed o estado de alerta, quizá por el trastorno. Me tengo que ir, entró un cliente.
Había mentido sobre el cliente. Deseaba silencio. Se quedó sentada en la barra del lavamanos recargada en el espejo rectangular. No quería ver su reflejo. Recibió otro email: “seguimiento a la denuncia 10.2.31, pena quirúrgica”:
Estimada Tabatta G.P.:
En seguimiento a la denuncia 10.2.31, le informamos que el implicado ha sido condenado a la pena quirúrgica: extirpación de la glándula de Ícaro, por el delito de agresión sexual de primer grado en espacios públicos silentes. El procedimiento se realizará el próximo miércoles a las 10 horas.
Estudios de precisión molecular han demostrado que la extirpación de la glándula inhibe comportamientos sexuales masculinos indeseables. El Estado adoptó la obligatoriedad de la cirugía en casos delictivos reincidentes por su efectividad en el ordenamiento del instinto sexual masculino. Sin embargo, en 1 de cada 1,000 casos, se presentan manifestaciones esporádicas de deseo sexual después de la cirugía, debido a la capacidad regenerativa de la glándula de Ícaro. Esperamos que el agresor de la presente denuncia no desarrolle el “síndrome de relapso”.
Estamos legislando para reforzar la pena de delitos sexuales, impulsamos la resolución judicial a favor del aislamiento humano en el centro penitenciario Islas Creta, primera institución en el mundo custodiada por robots guardia.
Finalmente, la exhortamos a recibir atención especializada, un evento como el que usted vivió puede provocar efectos adversos en la salud integral de las mujeres. Con el fin de neutralizarlos, el Estado pone a su disposición el protocolo “Pronta recuperación”. Para más información acceda aquí.
En caso necesario, contamos con atención de emergencia 24/7. Seleccione el botón SOS de su SmartRing y una operadora se comunicará con usted de inmediato. El Estado agradece su denuncia, es el mecanismo para un combate eficaz de delitos sexuales.
La impotencia y tristeza se aglomeraron en sus lagrimales y garganta. Hace menos de 24 horas desconocía el desamparo y la zozobra. Ambas le vaciaron la existencia: ese maldito hombre la despojó de su lugar seguro. A partir de ahora, lo ordinario se tornaba disonante.
No entendía el acoso sexual hacia las mujeres, pese a la enorme industria que da cauce a impulsos sexuales masculinos. “¡Haz de tus fantasías el máximo confort con los complementos Bodies, de Bodies’ Factory!” decía el eslogan más exitoso. Podían adquirir cualquier parte de la anatomía femenina al acudir a una tienda y seleccionar brazos, piernas, senos, vulvas…, incluso con materiales y accesorios importados. Entonces, ¿de qué servían los complementos Bodies si no reducían los impulsos sexuales de los varones?, ¿en dónde quedaba la consolidación de la sociedad avanzada en ordenamiento del instinto sexual masculino?
Deseó contar con un tipo de “complemento” capaz de borrar las secuelas psíquicas y otro para neutralizar el desorden metabólico de las células. ¿Por qué las mujeres no contaban con este tipo de tecnología? Mientras tanto, ¿qué haría con los pensamientos compulsivos?, ¿en qué lugar los acomodaría?, ¿cómo podía archivar los recuerdos dañados?

Ana Lilia Palacios Vázquez. Nací en Ciudad de México; por ahora, mi existencia transita entre mi ciudad natal y Chiapas. Me gusta el bosque y la selva; la mar y el cielo azul. Soy una de las coordinadoras del club de lectura virtual Brujas Literarias. De mis publicaciones recientes, el cuento “Expedición 2032-04-22”, fue seleccionada para la Antología de cuentos de ciencia ficción (UAG Editorial, 2025). De formación académica, estudié Ingeniería en Restauración Forestal, una maestría en Desarrollo Rural con especialidad en Mujer Rural y, en la actualidad, soy candidata a doctora en Ciencias en Ecología y Desarrollo Sustentable.

